DeclaracioindeFe

POLÍTICA DE PROTECCIÓN DOCTRINAL

Adoptada por la Junta Ejecutiva Internacional de CEF (APEN), 6 de mayo 2002.
Política de protección doctrinal

La Alianza Pro-Evangelización del Niño, continúa con su compromiso a su “Declaración de Fe”, la cual incorpora los credos no negociables e históricos de los cristianos evangélicos.

Dentro de la comunidad de los creyentes evangélicos existen varios distintivos los cuales no impiden nuestra comunión en el Señor y nuestra efectividad como evangelistas de niños.

Por consiguiente, acordamos que los obreros de APEN, están calificados por su compromiso sin reserva a la “Declaración de Fe” de APEN y su compromiso adicional en toda actividad de APEN de abstenerse de la enseñanza o de propugnar (defender) doctrinas contrarias a, o en adición, a la “Declaración de Fe”
Convenio de Compromiso del Obrero de Alianza pro Evangelización del Niño

Reconociendo la necesidad espiritual de los niños en nuestra comunidad y en el mundo, deseo participar en la obra de la Alianza Pro Evangelización del Niño (APEN)

Comprendo que APEN no tiene afiliación con ninguna denominación específica y he leído la “Declaración de Fe” y la “Política de Protección Doctrinal”. Al ser colaborador con APEN, y para proteger el Ministerio, me comprometo a no propagar, ni practicar dentro de los ministerios de APEN ningún distintivo o doctrina controversial, ni métodos o prácticas que van más allá de la “Declaración de Fe” de APEN, y del currículum aprobado por APEN. Estos distintivos o doctrinas incluyen, pero no son limitados a tales cosas, como los modos de bautismo, alteración del mensaje del evangelio, hablar en lenguas, interpretación de las Escrituras por experiencias emocionales o extraordinarias, exigiendo la sanidad divina, etc. Yo entiendo que cualquier persona que no se adhiera a este convenio no podrá servir en APEN, ni como personal pagado, ni como voluntario.

En la enseñanza de lecciones bíblicas en los programas principales de APEN, usaré exclusivamente los materiales aprobados por APEN.
Al ofrecer mis servicios confío que el Señor me haga un siervo fiel, y si surgen problemas entre APEN y yo que no se pueden reconciliar completamente, me separaré en manera voluntaria y tranquila para preservar la armonía que es esencial para mantener un testimonio Cristiano efectivo. Al firmar abajo, yo indico:

  1. Mi acuerdo con la “Declaración de Fe”, y que
  2. Yo cumpliré con el Convenio de Compromiso del Obrero, y que
  3. Yo cumpliré las políticas de APEN mientras esté involucrado activamente

Declaración de Fe de la Alianza Pro Evangelización de

Niño Creemos:
  1. Que “Toda Escritura es inspirada divinamente.” Por escritura  entendemos todo el libro que se llama LA BIBLIA; que es  infalible en su escrito original, y que su enseñanza y autoridad  son absolutas, supremas y finales. Que el Espíritu Santo inspiró a  los santos hombres de Dios en todo lo que escribieron. 2 Timoteo  3:16; Deuteronomio 4:2; 2 Pedro 1:21. 
  2. Que la Divinidad existe eternamente en tres personas,—el Padre,  el Hijo y el Espíritu Santo. Estos tres son un solo Dios, teniendo  la misma naturaleza, los mismos atributos y la misma perfección.  Romanos 1:20; Mateo 28:19; Deuteronomio 4:35; Juan 17:5. 
  3. En el Señor Jesucristo, su Personalidad y Deidad, concebido por  obra del Espíritu Santo, nacido de la Virgen María, fue verdadero  Dios y verdadero hombre. Juan 1:1, 14; 10:30; Mateo 1:20; Lucas  1:30, 31; Filipenses 2:5-7; Colosenses 1:19. 
  4. En la Personalidad y la Deidad del Espíritu Santo son la fuente y  el poder de toda adoración y servicio aceptables. Que el Espíritu  Santo es el intérprete de la Palabra infalible; que mora en cada  creyente verdadero, y está siempre presente para testificar de  Cristo, buscando que Cristo sea en todo tiempo nuestra sola  ocupación y preocupación y no nosotros mismos y nuestras  experiencias. Juan 15:26; Hechos 5:3, 4; 1:8; Romanos 8:26, 27;  1 Corintios 2:12, 14; Romanos 8:9; 1 Corintios 3:16; 12:13; Juan  16:13, 14. 
  5. Que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, tal  como lo declara la Palabra de Dios, pero la raza humana entera  cayó en la caída de Adán. No solamente fue grandemente  perjudicada su naturaleza moral por la caída, sino que perdió  totalmente su vida espiritual, siendo muerto en delitos y pecados,  y quedando sujeto al poder de Satanás, “Por cuanto los designios  de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la  ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no  pueden agradar a Dios.” (Romanos 8:7, 8). Por lo tanto, el  hombre no puede ver el reino de Dios ni entrar en el hasta que  nazca de nuevo por el Espíritu Santo. Que ningún grado de  reforma, no importa cuán grande sea; ninguna conquista moral,  no importa cuán alta sea; ni la cultura, no importa lo atractiva que  sea; ninguna obra humanitaria y filantrópica, no importa cuán  útiles sean; ni el bautismo, ni ninguna otra ordenanza, no importa  como sean administradas, podrán ayudar al pecador para  adelantar, ni siquiera un paso, hacia el cielo. Una nueva  naturaleza impartida de arriba, una nueva vida implantada por el  Espíritu Santo por medio de la Palabra son absolutamente  necesarias para la salvación. Génesis 1:26, 27; Romanos 5:12; Efesios  2:1-3; Juan 3:3, 6-7; Tito 3:5. 
  6. Que Cristo Jesús se hizo el sustituto del pecador delante de Dios,  y murió en sacrificio propiciatorio por el pecado del mundo  entero. Que fue hecho maldición por nosotros los pecadores y que  murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; que ni el  arrepentimiento, ni los sentimientos, ni la fe; ni las buenas  resoluciones, ni los esfuerzos del pecador, ni la sumisión a las  reglas y leyes de ninguna iglesia, pueden agregar ni un ápice al  valor de la preciosa sangre, o al mérito de esa obra consumada  por El a nuestro favor; Cristo sufrió la muerte para librar a todos  los hombres. 1 Juan 2:2; Hebreos 2:9; Gálatas 3:13; Romanos 3:25; 4:4- 5; 5:8; Colosenses 1:13-14, 20-21. 
  7. En la resurrección del cuerpo crucificado de nuestro Señor  Jesucristo; que su cuerpo resucitó de los muertos conforme a las  Escrituras y que ascendió a los Cielos y está sentado a la diestra  de Dios como Pontífice y Abogado de los pecadores,  intercediendo por ellos. Lucas 24:39; Hechos 1:10-11; Efesios 4:10;  Hebreos 1:3; 1 Juan 2:1. 
  8. Que Cristo, en las abundantes riquezas de Su gracia y en la  plenitud de las bendiciones que para nosotros obtuvo por Su  muerte y resurrección, es recibido solamente por fe, y que desde  el momento que confiamos en El como nuestro Salvador  personal, pasamos de muerte a vida eterna, justificados de todas  las cosas, aceptados ante el Padre de acuerdo a la medida de la  aceptación de Su Hijo; que somos amados como El es amado y  que seremos uno con El. En el momento en que aceptamos a  Cristo como nuestro Salvador, El viene a vivir, a mora en el  creyente, y así el creyente tiene la vida de poder y de santidad de  Cristo por medio de El. Hebreos 9:15; Juan 5:24; Romanos 3:28; 4:3,  23-25; Efesios 1:3; Juan 17:23; Gálatas 2:20; 4:6-7; 5:16; Hechos 1:8. 
  9. Que la Iglesia está compuesta de todos los que creen  verdaderamente en el Señor Jesucristo como Salvador. La Iglesia  es el cuerpo y la esposa de Cristo. Que cada creyente está  bautizado en el cuerpo de Cristo por el Espíritu Santo, ya sea  judío o gentil, y siendo que somos miembros los unos de los  otros, somos responsables de mantener la unidad de Espíritu, en  los lazos de la paz, levantándose sobre todo prejuicio racial y  fanatismo denominacional, y amándonos los unos a los otros  fervientemente con corazón limpio. Efesios 1:22, 23; 2:19-22;  1 Corintios 12:22-27; 1:10-13; Romanos 12:4, 5; Efesios 4:3-6; 5:32;  Filipenses 2:1-5; Gálatas 5:13-15. 
  10. Que todos los creyentes en nuestro Señor Jesucristo son llamados  a una vida de separación de las prácticas del pecado, y que  deben abstenerse de aquellos entretenimientos y hábitos que  puedan ocasionar la caída de otros, o que traigan reproche sobre  la cruz de Cristo. Los creyentes son creados en Cristo Jesús para  buenas obras, “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos  bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.” Gálatas  6:10; 1 Juan 2:15-16; Romanos 13:14; 14:13; 1 Corintios 10:31; Efesios  2:10. 
  11. En la evangelización del mundo; que la misión suprema del  pueblo de Dios en esta época es predicar el Evangelio a toda  criatura. Que debe hacerse énfasis especial sobre la  evangelización de los niños. Marcos 16:15; 2 Corintios 5:18-19;  Mateo 18:14. 
  12. En la venida personal de nuestro Señor y Salvador Jesucristo;  que la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo es la “Bendita  Esperanza” que nos es propuesta, a la cual hemos de estar  aguardando constantemente. “Nuestra ciudadanía está en los  cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor  Jesucristo.” Filipenses 3:20; Hechos 1:11; 1 Tesalonicenses 4:16-17;  Juan 14:1-3; Tito 2:13; Filipenses 3:20-21. 
  13. Que las almas de los que han confiado en el Señor Jesucristo  para su salvación, en la muerte pasarán inmediatamente a Su  presencia, y allí permanecen en bienaventuranza conciente hasta  la resurrección del cuerpo en Su venida, cuando el alma y el  cuerpo reunidos estarán con El para siempre en gloria. Lucas  23:43; 2 Corintios 5:8; Lucas 16:22, 25; 1 Tesalonicenses 4:15-18;  Filipenses 1:23. 
  14. Que las almas de los perdidos permanecen, después de la muerte,  en la miseria hasta el juicio final del gran Trono Blanco, cuando  alma y cuerpo, reunidos en la resurrección, serán echados “en el  lago de fuego que es la muerte segunda,” “los cuales sufrirán  pena de eterna perdición excluidos de la presencia del Señor y de  la gloria de su poder.” 2 Tesalonicenses 1:8-9; Lucas 16:22-23, 27-28;  Hebreos 9:27; Apocalipsis 20:5, 11-15; 2 Tesalonicenses 1:7-9.  
  15. En la realidad y personalidad de Satanás, “la serpiente antigua,  que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero.”  Apocalipsis 12:9; 20:10; Efesios 6:1-12; 1 Pedro 5:8.